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Manu, el bosque encantado

Un viaje a través de los Bosques del Manu, rutilantes parajes que usted puede recorrer en búsqueda de la variopinta fauna que los caracteriza o en un aventurero recorrido a pie, en llama, en balsa o en bicicleta.

Los pajonales andinos, a 4,000 metros sobre el nivel del mar, los bosques enanos, los bosques nublados y los bosques de “ceja de selva” del Manu constituyen los segmentos de bosques tropicales mejor conservados, más diversos y más accesibles desde el Cusco.

Este incomparable lugar turístico está situado a tan sólo veinte minutos de vuelo desde la capital de los Incas, también se puede acceder por vía terrestre desde el Cusco, cruzando los Andes de Paucartambo y el valle del río Kosñipata.

Los bosques de altura del Este Andino se revelan ante el visitante como un conjunto de montañas cubiertas por una alfombra de musgo, bromelias, orquídeas y helechos arbóreos, habitadas por comunidades de animales tan exóticos como los Osos de Anteojos, Águilas Negras y Ardas, Tairas, Pájaros Sombrilla y Ranas de Cristal, cuyas entrañas pueden ser vistas a través de un abdomen translúcido.

El Gallito de las Rocas es una especie de “dandy” emplumado, dotado de copete y pecho anaranjados. Su exuberante atavío incluye además una suerte de elegante “frac” en tonos de negro y gris que cubren la parte posterior de su cuerpo.

No menos exóticos, aunque no tan conocidos son los pájaros Sombrilla, de color azul oscuro y brillante. Un poco más adelante, se comienzan a ver tropas de peludos Monos Choros, quienes en arriesgadas y acrobáticas maniobras desafían las empinadas montañas.

Y además de la exuberante flora y fauna, la región ofrece una serie de alternativas para los amantes de la aventura, como paseos en carretas tiradas por llamas. Estos “Llama Taxis” están operados por la comunidad campesina de Jajahuana y ofrecen dos circuitos. El primero recorre 15 kilómetros entre Acjanacu y el mirador Amazónico de Tres Cruces; el segundo ofrece un recorrido variable (según el gusto del visitante) entre Acjanacu y el bosque nublado del Manu.

Otra de las opciones para el visitante atrevido es subirse a una bicicleta de montaña y continuar su descenso a través del flanco oriental de los Andes, realizando un recorrido sin cuestas empinadas, por una carretera bien mantenida, deteniéndose a voluntad y observando el paisaje que cambia constantemente a medida que se desciende.

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